Planificar una semana

168 horas. Eso es lo que tienes que planificar en una semana.

Hacer una planificación semanal es una buena rutina de gestión del tiempo en nuestra agenda porque una semana es un período ni muy largo ni muy corto. Es suficiente para que sucedan cosas, pero no excesivo como para caer en la parálisis por análisis.

Cuánto tiempo

Si la rutina es semanal, conviene dedicarle tiempo todas las semanas. Yo creo que unos 30 minutos está bien:

La revisión de la agenda depende de la complejidad y de nuestras necesidades. El tiempo también puede ser acumulativo: en un mes puedes dedicarle 1 hora y luego 30 minutos cada semana.

La planificación

Lo primero es entender que no todas las horas están disponibles. No hay que planificar las 168 horas. Hay que separar las necesarias para dormir, para lo personal y para lo profesional.

Un posible esquema sería:

Pero solemos ser demasiado optimistas. Una cosa es estar 40 horas en una oficina y otra muy diferente trabajar. La clave de la productividad es lo que resolvemos, no el tiempo que le dedicamos.

Ejecución

Luego llega la realidad: cambian las tareas, aparecen interrupciones y la agenda prevista se adapta. Eso es normal.

Por eso es importante anotar la agenda real: lo que ocurrió de verdad. Al final de la semana conviene tener:

Evaluar

Planificar no basta. También hay que evaluar la semana que pasó para entender qué cambió y por qué.

Y de ahí sale el siguiente plan. Es un ciclo de mejora continua:

  1. Planificar.
  2. Hacer.
  3. Evaluar.
  4. Volver a empezar.

Cómo lo hago yo

Yo suelo tener en cuenta tres cosas:

  1. Solo apunto el tiempo comprometido.
  2. Mi capacidad máxima de concentración está entre 20 y 30 horas por semana.
  3. Hay tareas rutina que también incluyo en la agenda.

Mi error más grave es saltarme la planificación semanal. Cada vez que lo hago, se me complica la semana.

Planificar una semana es un buen hábito. Como lavarse los dientes: no garantiza el éxito total, pero reduce mucho los problemas.